El espejo de mi Alma

7/11/09

Resurrección I

Llevo días sin reír, cansada por no conseguir conciliar el sueño, agobiada por no saber a dónde ir ni si el camino que sigo es el correcto… Necesitaba salir y ver las cosas con perspectiva y eso es precisamente lo que he hecho.


Este ha sido un año muy duro, he roto con cosas que se habían cangrenado en mi vida y sólo me ofrecían dolor y me he atrevido a levantar la voz y detener la corriente negativa que me arrastraba. Pero todo guerrero necesita un descanso y estos días han sido el mío.


Después de noches en blanco y una “cena de brujas”, mi agotada mente me recordó un lugar que podría servir a mis propósitos: Un refugio dónde desconectarme fuera posible.


Sin más, reservé plaza en mi personal Wonderland, sólo los pocos de siempre entendieron mi decisión de alejarme de todo sola y, la verdad, es que no me molesté por hacérselo entender al resto. El precedente a esta escapada en solitario fue mi viaje a Escocia y la experiencia fue de lo más positiva ya que volví conociéndome mejor a mi misma y con nuevos amigos que aún siguen siéndolo.


Ya en el tren de camino a mi merecido descanso (nota: desde que soy fan del tren no concibo otro medio de transporte) empecé a notar el cosquilleo familiar de estar haciendo lo correcto. Elegí billete preferente “porque yo lo valgo” y me dediqué a disfrutar del trayecto.


Cuando llegué a mi alojamiento un fuerte flash-back me sacudió y los recuerdos que guardaba de ese lugar de “mojito y salsa hasta la muerte” se manifestaron. Recuerdos felices vinieron a darme la bienvenida y podríamos decir que mis particulares fantasmas de las Navidades Pasadas hicieron acto de presencia.


Todo iba a pedir de boca y decidí celebrarlo con un paseo a orillas de mi querido mar. Así que me encasqueté el MP3 y dejé que mis pies erraran por el paseo marítimo. Todas las tiendas de souvenirs estaban cerradas, lo que confería un aire de privacidad a mi paseo, sin poder evitarlo me recordó al desierto parque de atracciones que describía Mitch Albom en “Las cinco personas que encontrarás en el cielo”


Me quité los zapatos y dejé que el agua del mar despertara los sentidos que aún permanecían aletargados, los necesitaba todos activos durante estos días. No me importó que el frío clavara sus agujas en mi piel, una sensación increíble hizo asomar una olvidada sonrisa a mis labios.


De regreso a mi habitación, cogí uno de los libros que me acompañaron en este viaje y leí hasta perder la noción del tiempo. De repente cerré el libro y empecé a llorar desconsoladamente. No me preguntéis la causa, porque el libro no era un drama, pero supongo que necesitaba liberar tensiones de manera inmediata y ése fue el momento que ellas escogieron para gritar ¡LIBERTAD!


En ese momento pude ver con una claridad meridiana todo aquello que no estaba funcionando en mi vida y los dos viejos caminos se abrieron ante mis ojos una vez más: cambiar o asumirlo. El fantasma de las Navidades del Presente me dio una colleja para que dejara de mirar los dos senderos y empezara a caminar por el de “cambiar”.


(Continuará…)

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